“Yo”

Es curioso, cuando una persona se da el gusto de dar su opinión sobre mí, sobre mi supuesta forma de pensar, o de ser, y digo supuesta porque, se trata de la percepción que esa persona capta, sin tener ni idea de quien soy. Y con todo su derecho se forma una idea sobre mí, y no con tanto derecho me sentencia. En muchos casos está muy alejada de la realidad, en casi todos diría yo. Tengo treinta y cuatro años y sigo conociendo partes de mí cada día que nunca había entendido, así que dudo mucho que una persona sin apenas indagar, pueda hacerse una idea real de como puedo ser. Te puedo asegurar que no soy común y que, probablemente no conocen a otra persona igual que yo, tanto para bien como para mal.

Es un maravilloso domingo de diciembre, son exactamente las 06:30 de la mañana, hace como media hora que me levanté a poner la cafetera al fuego. Lleva varios días de lluvias, con un sol que apenas se hace notar, parece como si no terminara de salir. El ambiente está húmedo y frío así que, imagina las capas de tela que tengo encima de mi friolero cuerpo y aún tengo las manos y los pies helados. No vivo en una zona fría, ni lluviosa, ni en una parte del hemisferio en la que se sienta lo que es un verdadero invierno así que, puedes afirmar sin miedo que no tengo ni puñetera idea de lo que es el verdadero frío, ni quiero saberlo, con este “medio frío de 15º” tengo.

La pantalla del ordenador me alumbra en la oscuridad, como si fuera el foco de un escenario, señalando al protagonista de la obra. Un blanco fácil hasta para el tirador más inexperto. Mi taza es más bien tirando a grande, llena hasta arriba de café, caliente, fuerte y amargo. Unos ciento cincuenta mL de café. Está soltando vapor mientras el calor de la taza sube la temperatura de su alrededor, la rodeo con mis manos en cada parón que hago, para calentarlas y sentir que arden. Cada pocos minutos miro por la ventana que tengo justo en frente de mi escritorio, esperando que salga ese sol tan tímido de estas últimas semanas. Esperándolo… Porque no me pillará por sorpresa, sé que saldrá, como cada día, aunque, espero que hoy no tenga prisa.

Me encanta escribir a esta hora, cuando hasta el gallo duerme todavía y es mi momento a solas con mi mente, sin que ningún otro factor interfiera, creo que es mi punto álgido de concentración, pero se me pasa enseguida y con eso contesto a la pregunta que te estarás haciendo <<¿por qué se levanta alguien un domingo a las seis de la mañana para escribir?>>.

No te atormentes porque no pongo ninguna alarma, ni me paso la noche despierta para ello, es mi mente inquieta la que se ha programado sola para despertar, necesita escribir, he encontrado este escape, que quizás otras personas también con una mente que va “demasiado deprisa”. Una mente que nos hace adelantarnos a todo, hasta al gallo y al sol. Una mente que da tantas vueltas, a mil cosas a la vez, y no puede centrarse en ninguna. Si hay alguien que se sienta identificado, le daré un consejo ¡¡ESCRIBE!!

Y lo digo muy en serio, escribir es una válvula de escape muy válida. Lo puedes hacer mejor o peor, público o privado, pero saca esa mierda fuera o te saldrán subtítulos.

Yo hablo mucho ¡muchísimo!, pero no te equivoques, en lo personal no me gusta hacer vida social, aunque lo social siempre viene a mí. Me considero divertida, cariñosa y allegada, solo con quien conecto, por lo demás soy bastante “antisocial”, no me gusta mucho estar con gente desconocida, confianzuda, ni en lugares abarrotados de personas. Siempre he tenido confusión con esto, soy antisocial, pero me desgarra el sufrimiento de los demás, no puedo evitar ser empática, y aunque parezca algo bueno, no siempre es así, siento empatía hasta por el más miserable si lo veo roto, o sufriendo, siento su pena y su dolor.

Habladora, antisocial, empática… ¿Raro, no? Y es que, no tiene nada que ver.

Yo soy tímida, siempre lo fui… Pero, según que persona te hable de mí, te pueden llegar a decir que soy super extrovertida, introvertida, seria, borde, alegre… Todo el mundo no se creará la misma imagen, porque yo no me siento igual con todo el mundo, ni siempre he sido igual. Es imposible trasmitir lo mismo a todos durante toda la vida. No me gusta llamar la atención, ni exhibirme más de la cuenta ante desconocidos, no tengo desarrollada esa necesidad de aceptación por parte de los demás, más bien siento mucha inseguridad cuando me expongo a gente que no me conoce, tampoco me apetece estar en boca de personas que no están bien en sus vidas, y proyectan odio hacia los demás con comentarios y criticas, algunas bajo el blanqueamiento de la famosa “critica constructiva”. A mí me importa más bien poco, tirando a una puta mierda tu “critica constructiva”. Yo no acepto criticas constructivas de alguien que no ha construido nada, más que odio y rencores, te puedo asegurar que si hubieras construido algo en tu triste vida, no estarías criticando la de los demás, tampoco me siento cómoda cuando me miran mucho, no me gusta la gente que se acerca demasiado, o tiene que estar tocándote cuando te hablan, incluso me cuesta, hasta mantener la mirada con quien no conozco, aunque me guste, como si ello me debilitara, dejándoles abrir las puertas de mi persona, mostrándoles así mi interior, eso me incomoda, pero a la vez aquí estoy exhibiéndome, para conocidos y desconocidos.

A pesar de ser tímida doy impresión de todo lo contrario, supongo que es por mi forma de hablar y trasmitir mi incomodidad, sin pelos en la lengua, y con mucha seguridad que adquirí con los años, seguridad que algunos definen como “prepotencia”.

Desconocen que esa “prepotencia” es solo la defensa de mi timidez y mi espacio. La razón por la que “hablo mucho”, es porque mi mente va a mil por hora, y no porque sea sociable. Mi mente es como un bidón lleno de agua, mis pensamientos como un grifo abierto encima de él, y no para de salir líquido a presión desbordándolo, ese agua que se rebosa y chorrea por los bordes del bidón en busca de desahogo, son mis escritos, mis reflexiones.

Cuando tenemos la mente así “dispersa”, somos incapaces de concentrarnos en nada, y es muy difícil llevar el hilo de algún tema o pensamiento mucho rato. Se nos mezclan todo el tiempo, pensamientos, sentimientos, planes, cosas que hacer, preocupaciones, el artículo 117 de la CE. No olvidarme la mascarilla, situaciones cotidianas, pero todo a la vez ¡Es un caos!

La poca vida social que ha implantado la pandemia del Covid-19 <<nótese el SEO>> a través de la cuarentena y sus restricciones, de la desinformación para “protegernos” ha conseguido agravarlo, me llené de miedo, de incertidumbre, de angustia, sentí pánico de que el virus llegara a mi familia, a mi abuela, a mis hijas. El único temor que le tengo a ese virus es que, yo pudiera trasmitírselo a los míos, y el único temor que tengo a morir, es por como afectaría eso a mis hijas y a sus vidas.

Tengo la responsabilidad o sentimiento de culpa adelantado <<ya sabes, mi mente…>> de que a mis hijas se les desestructure su vida, por perder a su madre antes de tiempo. Sin haberles dado las directrices correctas o las herramientas adecuadas, para afrontar esas situaciones complicadas que se les presentarán en la vida. Y ahí, en ese punto de reflexión, ese momento álgido de miedo en plena cuarentena, es cuando lo vi. Ahí lo vi claro, decidí escribir todo lo que me queda por decirles, y reforzar lo que ya les he dicho. Ahí decidí escribir un libro a mis hijas, en un principio en ámbito personal, pero que según he ido escribiendo, creí que debía compartir también con los hijos de otros, esos valores y consejos que quiero dejar reflejados, que creo que son importantes en una persona y dejamos atrás. Quiero que queden bien marcados en mis hijas para que, si no estoy o no estoy en condiciones de hacerles llegar esas palabras, que considero son necesarias ahí fuera, para no dejar de ser una buena persona, mientras sigues siendo fuerte y libre. Puedan acudir a ese libro, siempre. Como quien acude a una enciclopedia, o un buscador y encuentren esas palabras cálidas, que solo unos padres te darían. Y creo que es el mejor legado que les puedo dejar a ellas, y si esas palabras llegaran a otros hijos, o padres ayudándoles en algunas situaciones, en las que tampoco pueden alcanzar las palabras de los suyos, también será la mejor obra que haya podido hacer.

Me ha costado mucho llegar a este punto, a pesar de mi edad y aún quedándome muchos puntos por aprender, para comprender los dolores que ocasiona la vida, y no hablo de patologías o enfermedades. Hablo de dolores en el alma, y en el corazón, y no quiero sonar “moñas” para nada, no es mi estilo, pero las personas “guerreras” también tenemos de eso… También lloramos, sufrimos y huimos de los problemas que nos atormentan. Ahora sé que, esos momentos solo son un proceso, te prometo que eso que evitas, que parece tan difícil, pasará, y será más fácil de lo que creías. Es mejor prestar atención y aprender, que resistirte y no escuchar lo que la vida quiere enseñarte.

A veces pienso que ojalá hubiera entendido ciertas cosas antes, me hubiera ahorrado mucho tiempo y sufrimiento, pero los atajos no te enseñan nada. Tienes que palparlo para aprender a clasificar los diferentes niveles de dolor, y adquirir el conocimiento de cuanto duele romperse, para saber cuanto valemos, para aprender a preguntarnos “¿merece la pena romperme por eso?”. Tenemos que vivirlo, para aprender a querernos, a cuidarnos y entonces poder exigir a quien está a nuestro lado que también lo haga, o se vaya.

No es fácil, es un proceso complejo en el que hay que buscar ayuda, de alguien que nos haga entender que ese dolor que sentimos al rompernos solo es un proceso, es temporal. La expresión “Tocar fondo” no es más que eso, es la prueba final del ciclo, apruebas y pasas al siguiente nivel o te quedas repitiendo, alargándolo, agonizando… Tú decides, el camino a coger, esto es entre tú y la vida, es tu batalla, y nadie puede librarla por ti. Así que es tu decisión como utilizas ese proceso de “reflexión” y la actitud que tendrás en él ¿Te gusta repetir la misma historia, una y otra vez? Se te presentarán las mismas situaciones con diferentes rostros y escenario, aún cuando creías haberlo superado, flaquearás, y tendrás que volver a demostrar lo que sabes, y lo que vales, considéralo un refuerzo del aprendizaje.

Puedes llorar, aprender, perdonar y resurgir más fuerte o llenarte de odio, rencor e intentar hacer daño, haciéndote la vida repetir y repetir hasta que comprendas, que no pasaras de curso hasta que superes la puñetera prueba y pases limpio. Como todo aprendizaje, lleva su tiempo y dedicación. Aquí no hay favoritismos, ayudas, ni enchufes, Lo que si hay es plazo, tienes toda tu vida de plazo para aprender, y por eso, nos lo tomamos con mucha calma, nos creemos que hay tiempo de sobra, perdiendo así nuestros días, viéndolos pasar enfadados, tristes, o haciendo el gilipollas.

¿Dabas por hecho que soy una persona que se cree tener la verdad absoluta, o con pensamientos muy “extremistas”? Y yo no me molesto en discutirlo, no voy a perder tiempo en intentar saber donde ubicas tú, la verdad o los extremos, o cual es tu percepción de extremismo o verdad. Hace tiempo que me aburrí de justificarme, o intentar que los demás me vean como yo considero que realmente soy, es agotador y un auténtico fracaso.

Me doy cuenta de que, ni las personas más cercanas me conocen, ni ellos se dan a conocer como son realmente. Y yo creo que a pesar de ser tímida, soy bastante transparente, no tengo filtros, ni finjo ser lo que no soy, tampoco me esfuerzo en agradar a nadie, esto es lo que hay, si te gusta maravilloso y sino, me alegro que te des cuenta ahora, porque no es mi intención venderte una imagen de mí que no existe, ni hacerte perder el tiempo. Para mí, el tiempo es algo muy valioso, no nos esforzamos en conocer realmente a las personas, eso nos cuesta tiempo, es más fácil dar por hecho que es así y punto. Vivimos y conocemos muy por encima, muy superficialmente, no indagamos en nadie. Da tanta pereza empezar a conocer a alguien, que ni nos molestamos en meter gente nueva en nuestras vidas, preferimos a “los de toda la vida” que creemos conocerlos bien y saber de que pie cojea cada uno, cuando realmente no conocemos ni mierda de ellos, aunque esas personas lleven toda la vida a tu alrededor, por eso para mí no vale el dicho que dice <<más vale malo conocido…>> termínala tú que a mí me da risa…

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